Discurso de

Dña. Micaela Menarguez Carreño

 

Académica Correspondiente de la Academia de Farmacia

Santa María de España de la región de Murcia

 

 

Excelentísimo Señor Presidente de la Academia de Farmacia Santa María de España de la Región de Murcia,

Excmos. e Ilstmos. Académicos,

Queridos familiares, compañeros y amigos,

Señoras y señores:

 

Es para mí un gran honor encontrarme hoy ante todos ustedes para dar lectura a mi discurso de entrada como Académico Correspondiente. Mi agradecimiento al Excmo. Sr. D. Juan Angel Alvarez Gómez, que presentó la propuesta, así como a los Ilmos. Sres. D. José Abenza López y D. Joaquín Jordán Pérez y a la Ilma. Sra. Dña Isabel Tovar Zapata y hacerlo extensivo al Excelentísimo Sr. Presidente como a todos los miembros de esta academia por esta distinción que me otorgan; distinción que me llena, honestamente, de asombro y estupor. Se encuentran en esta academia personalidades de tal prestigio profesional, científicos ilustres y compañeros de profesión de tan reconocidos e importantes méritos, que el mero hecho de encontrarme hoy entre ellos me hace sentirme inmensamente agradecida.

 

A lo largo de mi vida, he  tenido la suerte de contar con grandes maestros  de los cuales he aprendido mucho, y a los que hoy, no puedo dejar de expresar mi gratitud. La primera persona que me habló de las secreciones del cuello uterino y sus cambios con el ciclo ovárico, fue la Dra. Montserrat Rutllant Bañeres, que despertó en mí la inquietud por este campo de trabajo que ha sido después objeto principal de mi investigación. Ella me  enseñó también, dada su experiencia profesional, a preocuparme por la salud física, mental y moral de las familias que tratamos, viendo siempre que detrás de un cuello uterino hay una mujer, y a su lado un marido y unos hijos, y por lo tanto la fertilidad femenina es un tema fundamental porque afecta a toda la familia. Su impulso e ilusión le hizo fundar en 1991 la Asociación Española de Profesores de Planificación Familiar Natural (RENAFER), la cual hoy tengo la suerte de presidir. Las personas que he conocido y tratado en  viajes y Congresos, las experiencias que he tenido, en diversos países de Europa, Africa y América, al amparo de las actividades de RENAFER han sido tan gratificantes, y de ellas conservo tan buenos amigos que  sólo  su relato podría constituir materia para este discurso.

 

 

Mi gratitud también al Profesor Luis Miguel Pastor García, que  dirigió mi tesis doctoral,  en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia. Gratitud por estar abierto desde el principio a una nueva línea de investigación, planificar el trabajo, enseñarme las técnicas necesarias y facilitarme la posibilidad de realizar dicha tesis.

 

Agradecimiento también a la Consejería de Sanidad y Política Social, que me concedió una beca dentro de los programas de ayuda a la investigación del servicio de la mujer, en concreto a la que fue Directora General de Familia, Mujer y Juventud en esos años, Dña. Belén Fernández-Delgado Cerdá, por el interés que demostró desde el principio por esta investigación sobre la mujer y por la ayuda que me prestó.

 

A la Dra. Mª Teresa Gutierrez Prieto, le debo el  haber completado  mi formación como profesora de Planificación Familiar Natural; y a la Dra. Helvia Temprano Alonso el haber aprendido los distintos tipos de moco cervical; su afectuosa acogida en La Coruña con este motivo, y su pertinaz insistencia fueron decisivas para que hiciera la tesis doctoral.

 

Mención aparte merece el Prof. Odeblad, de la Universidad de Umea, Suecia. Es la mayor autoridad mundial, reconocida por la comunidad científica internacional, en los estudios sobre el cuello uterino y sus secreciones. Nos conocimos en 1986 y nuestra colaboración  comenzó en 1990. Durante la tesis doctoral, me ayudó,  facilitando mis estancias en Suecia para recoger muestras en su laboratorio, y propiciando una serie de discusiones científicas enormemente enriquecedoras para mí. Tengo que decir que además, me abrió con enorme generosidad su biblioteca particular, facilitándome todos aquellos trabajos y publicaciones  que podían ayudarme en cada momento. Tengo la suerte de contar con su amistad,  de continuar la colaboración  con él en la actualidad, y de seguir viéndole, recientemente el pasado verano en Kalmar, una hermosa ciudad, a orillas del mar Báltico donde pasa varios meses al año.

Entre las personas que han apostado por mi trabajo, y de las que he recibido todo el apoyo tengo que mencionar a D. José Luis Mendoza, presidente de la Universidad Católica San Antonio de Murcia, que se interesó siempre por mi investigación y que me contrató cuando yo estaba embarazada de siete meses de mi cuarto hijo, demostrando que esa circunstancia en ningún caso era motivo de discriminación en la UCAM. Mi colaboración continúa en esta universidad en la que siempre me he sentido arropada, apoyada y querida, por la dirección y por mis compañeros.

 

También los responsables de la Facultad de Medicina de la Universidad  San Pablo Ceu de Madrid,  se interesaron por mi trabajo, y desde 2005 colaboro con ellos en el Departamento de Psicología y en el Instituto de la Familia, siendo esta una experiencia extraordinariamente interesante y enriquecedora para mí.

 

En cuanto a las circunstancias que han hecho posible el que hoy estemos aquí, el primer reconocimiento es para mis padres, que me educaron en la curiosidad intelectual, el interés por el estudio y la lectura, y confiaron desde siempre en mis capacidades, ayudándome en todo lo que podían. Y que, a la vez, me han transmitido  valores como la fé, la constancia en el trabajo, la honestidad y el respeto a las ideas de los demás, sean estas las que fueren. La educación recibida de ellos, ha hecho   realidad  aquellas palabras en las que  Lewis  nos recuerda  que “el respeto ético se incuba en la capacidad de asombro ante la perfección de la biología.”

 

Un agradecimiento especial para mi marido, que apoya incondicionalmente todas mis iniciativas profesionales, aunque eso haya supuesto muchas veces diversos viajes y estancias fuera de casa.

 

Y a mis hijos, incondicionales fans del trabajo de su madre, cuyo ánimo y estímulo han sido para mí fundamentales en mi recorrido profesional.

 

A lo largo de éstos años, lo más difícil de mi vida ha sido saber priorizar, y tomar las decisiones adecuadas en cada momento; especialmente cuando, a la vez que trabajaba, preparaba mi tesis doctoral,  embarazada, o cuidando de un recién nacido. Es por ello que cuando ha sido necesario, he ralentizado mi actividad profesional en favor de mi familia, de acuerdo con los valores que mis padres me inculcaron y que tan grabados me quedaron para siempre.

 

A todos los que hoy estáis aquí, acompañándonos, daros las gracias por vuestra presencia.

 

Con el permiso del Sr. Presidente, paso a la exposición de mi discurso, cuyo título es La Fertilidad humana y la transmisión de la vida.

 

 

LA FERTILIDAD HUMANA Y LA TRANSMISION DE LA VIDA

 

1.     Desde la edad antigua.

 

Desde la Edad Antigua, el hombre siempre ha tenido una gran inquietud por el conocimiento de la fertilidad, por saber cómo nacemos y de dónde venimos. Tanto es así, que desde que se tiene documentación escrita, hay referencia de que las fases de fertilidad e infertilidad están relacionadas, de una forma directa o indirecta con la menstruación.

 

Desde el Talmud hasta  Maimónides (1135-1204 a.d.c.), quien señalaba que la mujer podía concebir en los catorce días siguientes a la menstruación, las referencias a la fertilidad humana se suceden en el mundo antiguo siendo las más significativas las de

Hipócrates, padre de la medicina (470-400 a.d. C.) y Galeno (131-203), quien en su libro De Semine, atribuía la concepción a la unión del semen con la menstruación.

 

Posteriormente, el Canon de Avicena (980),  se reafirma en que la mujer es fértil después de haber terminado con la menstruación. Y fue muy interesante obsevar cómo, a medida que se iba descubriendo el mundo, coincidían en estas ideas diversos pueblos, como los indios de Nuevo México y algunas tribus africanas.

 

En el s. XVII se hacen dos descubrimientos fundamentales en el conocimiento de la fertilidad humana; en 1672 Reigner de Graaf descubre el folículo que lleva su nombre. Y en 1677 Antoni van Leeuwenhoek, los espermatozoides. Desde entonces, y durante más de dos siglos, los descubrimientos científicos se suceden con rapidez, preocupando sobre todo a los investigadores encontrar la fecha precisa de la ovulación.

 

Por ejemplo, el cuerpo amarillo o cuerpo lúteo se descubrió en 1766,  pero fue en 1872 cuando Claude Bernard, padre de la endocrinología, comenzó a relacionar su funcionamiento con la ovulación.

 

Hasta comienzos del s. XX la ciencia no estuvo en condiciones de empezar a responder a la  pregunta de cuando se producía la ovulación, por lo que podemos afirmar que es un descubrimiento relativamente reciente.

 

Uno de los indicadores de fertilidad que hoy día se utilizan para identificar la misma es el cambio  en la temperatura corporal basal, como consecuencia de las propiedades termogénicas de las hormonas que dominan la segunda fase del ciclo ovárico. El primer observador de dichas variaciones fue  Van de Velde, quien en 1904 las describe por primera vez y las relaciona con la ovulación.

 

Fue también a comienzos del s. XX cuando  Fraenkel  (1900) determinó  que la ovulación no se realiza ni antes ni después de la menstruación, sino en el intervalo. Admitía como fecha de la ovulación el día 18 ó 19 a partir del comienzo del ciclo.

 

En los años veinte del siglo pasado, dos científicos, de países tan alejados como Austria y Japón, llegaban a conclusiones muy parecidas, por métodos de investigación completamente distintos.

 

Ogino, en 1924, publicó en Japón los nuevos datos que había obtenido sobre el período fértil y la ovulación, estudiando la misma por medio de operaciones quirúrgicas.

 

Knaus, sin conocer estos datos, ya que en esta época no existían aún las nuevas tecnologías, ni los viajes eran tan sencillos como ahora, describió sus observaciones por primera vez en la XXI sesión de la sociedad alemana de Ginecología en mayo de 1929. Había investigado los ovarios con rayos X. Y aunque por caminos distintos, los dos llegaron a conclusiones similares.

 

Lo más interesante de aquellos descubrimientos, y lo que todavía hoy perdura, es que aquellos científicos, alejados físicamente pero cercanos en el tiempo,  reconocen por primera vez que la ovulación es el hecho fundamental en el ciclo de la mujer, y establecen  que, el ciclo ovárico tiene dos fases, la primera preovulatoria o anterior a la ovulación de duración variable, y la segunda o postovulatoria, de duración constante ya que viene determinada por la supervivencia del cuerpo lúteo.

 

Volviendo a los descubrimientos sobre la temperatura basal, en 1928 Van der Walde relaciona el patrón bifásico de la temperatura con la ovulación; es decir, confirma la existencia de dos fases térmicas a lo largo del ciclo de la mujer, que coinciden con las descritas anteriormente: la primera, preovulatoria,  de temperaturas bajas y la segunda, postovulatoria, de temperaturas altas y estables, llamada también meseta térmica.

 

En cuanto al parámetro más importante para el diagnóstico de la ovulación, y que ha sido objeto principal de nuestra investigación hemos de decir que la primera vez que se mencionó la secreción cervical en la literatura médica fue a mediados del s. XIX.

 

Ya en 1930 se asoció a la ovulación el momento del ciclo donde el cuello uterino  producía una mayor cantidad de secreción. En 1948 se descubrió que cuando ésta era recogida en muestras y depositada en un porta, previo secado, formaba bellos cristales similares a helechos, siempre y cuando  la muestra se mantuviera sin teñir.

 

Este fue un descubrimiento importante, porque  permitía a los investigadores almacenar muestras originales para su estudio. En mi primer viaje a Suecia en 1993, el Prof. Odeblad, uno de los pioneros en esta técnica, me enseñó en su laboratorio una cantidad enorme de muestras, clasificadas en cajas para su estudio, recogidas en los últimos treinta o cuarenta años, cada una con los datos de la mujer y el momento del ciclo al que correspondía la muestra.

 

 

2. La biología del Cérvix.

 

Si repasamos las funciones de las mucosas genitales femeninas, vemos que éstas son muy diversas: por una parte, la  de protección frente a infecciones, y por otra la de recepción y conducción espermática a través del tracto genital. Para llevar a cabo con éxito su función, existen cambios anatómicos importantes  desde la vagina hasta la parte donde se encuentran los gametos en la fecundación. Uno de estos cambios se localiza en una zona bien diferenciada, que se estrecha a modo de barrera. Consiste en la transición entre la vagina y el útero y se denomina cuello uterino. En él, se filtra el paso de los espermatozoides, principalmente a través de la acción del moco que se encuentra sobre el epitelio de esta zona (moco cervical).

 

El moco cervical es un fluido viscoso producido por las comúnmente denominadas glándulas del cérvix o cuello uterino, que tiene un papel fundamental en el transporte y capacitación de los espermatozoides a través del aparato genital femenino. Junto a ello, se conoce desde hace tiempo que ese moco sufre modificaciones que le hacen tener características biofísicas distintas a lo largo del ciclo (Elstein, 1978), convirtiéndose en un elemento importante para la identificación de la ovulación, tanto en la práctica clínica como a través de la auto evaluación de la mujer sobre el moco del introito vaginal, en los denominados Métodos de Planificación Familiar Natural, especialmente el Billings (Billings y Westmore, 1980; Parrilla, 1997).

 

Hoy sabemos que el moco cervical humano es una entidad heterogénea, formada por unidades mucosas distintas y que varían en proporción y en su presencia a lo largo del ciclo femenino (Ryder y Campbell, 1995).

 

La mucosa cervical es un intrincado sistema de criptas al que anteriormente se refería la literatura como “glándulas cervicales” (Odeblad, 1972). El término criptas es usado para describir los pliegues del epitelio columnar de la mucosa cervical, que pueden ser oblicuos, transversales o longitudinales y se pueden bifurcar o extender hacia abajo. Esta zona está revestida de un epitelio compuesto por una sola capa de células cilíndricas, con núcleo basal y citoplasma rico en mucus. Este epitelio está formado en un 95% por células secretoras y en un 5% de células ciliadas. Los cilios baten hacia la vagina y una de sus funciones es crear una corriente muco-ciliar que expulse células y partículas hacia la misma. El epitelio cervical posee receptores para estradiol y progesterona, por lo que se sabe que el cuello del útero es un “órgano diana” para estas hormonas, y de acuerdo con este concepto, la secreción cervical varía en calidad y en cantidad en respuesta a los cambios hormonales que ocurren durante el ciclo menstrual (Pérez y cols, 1995).

 

Las células no ciliadas, que son las secretoras, están cubiertas por microvellosidades y contienen un número masivo de gránulos citoplasmáticos que pueden desplazar el núcleo hacia la base de la membrana. La actividad secretora de estas células decrece después de la menopausia. Sin embargo, la atrofia epitelial es menor en el cérvix que en el endometrio y vagina, estando especialmente protegido y siendo regenerado durante los embarazos. En el momento de la secreción, la membrana celular se rompe, produciendo la liberación de los gránulos secretores en la luz del canal cervical (Odeblad, 1973). La cantidad de secreción liberada es función de: (a) el número de unidades secretoras en el canal cervical; (b) el porcentaje de secreción mucosa celular por unidad y (c) la respuesta de las células secretoras a las hormonas circulantes. En la mujer normal en edad reproductiva hay alrededor de 400 unidades secretoras de moco en el canal cervical. La producción diaria de moco varía desde 600 mg a mitad del ciclo hasta 20-60 mg durante otros períodos (Odeblad, 1973).

 

3. La biofísica del moco cervical.

 

Cuando comenzaron los estudios sobre el cuello uterino, se pensaba que todas las criptas actuaban produciendo secreciones a la misma vez. En 1966, Odeblad demostró que algunas de estas criptas eran responsables del moco fino, que se secretaba en los días próximos a la ovulación, y que producía cristales, y otras del grueso que no cristalizaba, y se obtenía en las fases infértiles del ciclo.

 

Es interesante resaltar que, como aprendí en Suecia del Prof. Odeblad, la toma de muestra de moco cervical, y posterior extensión y secado en porta, nos da una información muy precisa del día del ciclo al que pertenece la muestra. Sin embargo, es importante recordar que, “in vivo” no existen cristales, es decir, la técnica “spread it out” desarrollada por el Prof. Odeblad, que permite la observación de los mismos es un reflejo de lo que está ocurriendo en el interior del cuello, pero naturalmente, se produce por evaporación del agua y por lo tanto lo que observamos son en su mayoría cristales de ClNa, o a veces de ClK. Estos iones, “in vivo” quedan disueltos en el agua que constituye la fase acuosa del moco cervical. Y sin embargo, la técnica desarrollada por Odeblad nos permite saber, mediante la cristalización que varía en función del momento del ciclo, la potencial fertilidad de una muestra.

 

Los dos tipos de moco descubiertos en 1966 fueron denominados E (estrogenico) el primero y G (gestagénico) el segundo.

 

Posteriormente, y avanzando en sus investigaciones,  Odeblad (1977) demostró que el Tipo E tenía dos componentes S (sperm conducting) y L (locking in low-quality spermatozoa). Observó que el moco tipo S cristalizaba en delgadas hileras paralelas y sin embargo el tipo L presentaba una morfología muy similar a un hermoso helecho, con cristales que formaban un eje central, del que salían  largas ramas  en ángulo recto con respecto al mismo.

 

Los tres tipos descubiertos hasta entonces, G, L y S, continuaron estudiándose. Y en 1992, Odeblad describió un tipo de moco adicional, presente en menor cantidad, llamado P (peak) porque tiene su máxima secreción en el día pico o de la ovulación.

 

Cuando se deja secar en un porta este tipo presenta una morfología cristalina constituida por un eje central, del que salen ramas que forman ángulos de 60º con dicho eje, en contraste con los 90º que forman el tipo L.

 

En cuanto a sus funciones, han sido descritas con detalle, y aunque aún hay muchas cosas que están por descubrir, hoy podemos afirmar que el moco G, presente en las fases de infertilidad, forma un tapón en el cuello uterino, que lo cierra, lo hace impenetrable a los espermatozoides, y defiende a la mujer de las infecciones, ya que es especialmente rico en inmunoglobulinas y enzimas que intervienen en la inmunidad general del cuerpo, como la lisozima. El moco L, que se secreta desde varios días antes de la ovulación, hasta la misma, tiene la función de filtrado de los espermatozoides, constituyendo una selección natural muy precisa, ya que el diámetro del poro dificulta el avance espermático, aunque no lo impide completamente, de forma que sólo los mejores puedan pasar. El moco tipo S, secretado en el momento de la ovulación, constituye las grandes autopistas por donde los espermatozoides pueden nadar, una vez que han sido debidamente filtrados por el tipo L, ya que hemos de suponer que sólo han pasado los mejores. Por último, el tipo P, secretado en la parte final, de una densidad intermedia, y un diámetro de poro intermedio entre el S y el L, tendría la función de filtrado y de aporte final de azúcares, que le proporcionan las glucoproteínas del moco.

 

Todos estos subtipos han sido objeto de detallados estudios con microscopio electrónico, y publicados posteriormente, en un trabajo, que tuve el honor de compartir con el Prof. Odeblad y el Prof. Pastor, y que recoge la mayoría del contenido de mi tesis doctoral (Hum. Reprod., 2003).

 

Las estructuras anatómicas del cérvix, que indican el lugar en el que se encuentran cada tipo de moco, han sido también estudiadas en detalle. Así, Odeblad (1997) describe que las criptas productoras de moco tipo G, se encuentran en el comienzo del cuello uterino, cerca de su unión con la vagina, lugar lógico para producir este tapón protector característico de las fases de infertilidad. Las productoras de los tipos L y S se encuentran en la zona intermedia del cuello, y las de moco P, preferentemente al final del mismo, cerca ya del cuerpo uterino, lo que facilita la función descrita anteriormente.

Lo asombroso de esta investigación es comprobar el cuidado que la naturaleza ha puesto en la selección y filtrado espermático, siendo extraordinariamente generosa con el número de espermatozoides secretados en cada eyaculación (400-500 millones), para después ponerles gran cantidad de pruebas y dificultades en su avance, y que al final, sólo uno de aquellos, el mejor, sea el responsable, junto con el ovulo, de la generación de una nueva vida humana.

 

4. La bioquímica del moco cervical.

 

Después de los aspectos biofísicos, unas breves pinceladas sobre la composición química de la secreción cervical, que nos hacen comprenderla mejor.

 

El moco cervical, desde el punto de vista bioquímico, es un polímero de glucoproteínas (mucina), con alto peso molecular que constituye una matriz en fase de gel, dentro de la cual se incluye la fase acuosa de bajo peso molecular, llamada plasma cervical. Ambas fases forman el moco “per se” (Daunter, 1984).

 

En sus proporciones, está compuesto mayoritariamente por agua en un  90-98%, en la cual están disueltos diversos electrolitos, principalmente Na+ y Cl-, que son los que, cuando tomamos una muestra y la dejamos secar al aire, cristalizan, depositándose sobre el substrato orgánico que queda sin evaporar, y dándonos una idea de la estructura molecular que está debajo. También, en la fase acuosa, hay proteínas solubles, principalmente albúmina y globulinas.

En cuanto a la mucina, es esta la sustancia esencial que confiere al moco las propiedades que le caracterizan y a su vez es la responsable de las diferencias entre los cuatro tipos de moco cervical. Constituye un 1-2% del total.  

 

Es razonable pensar que la naturaleza y composición de las moléculas de mucina de los cuatro tipos de moco cervical resulta similar, pero distinta, debido a que la configuración de las redes que forman las mallas, vista la ultraestructura con microscopía electrónica de barrido, es también distinta. Podemos afirmar, por lo tanto, que diferentes  moléculas de mucina originan diferentes estructuras de red, variabilidad que da lugar a los cuatro tipos de moco cervical.

 

Como hemos indicado anteriormente, la molécula de mucina consiste en dos partes:

A) segmento glucosilado, con carbohidratos.

B) péptido desnudo ó sin glucosilar.

 

Esta estructura en dos segmentos hace posible que exista una cierta variación en la disposición de las moléculas, que forman la red glucoproteica.

 

La microscopía electrónica de barrido ha hecho posible comparar las mallas procedentes de los distintos tipos de moco cervical: Moco G: 0.1-0.5 µm; moco L: 0.4-3 µm moco S: 1.5-7 µm; moco P: 0.4-2 µm.(Menárguez, Pastor, Odeblad, Hum. Reprod. 2003).

 

Los distintos tamaños de los poros en la red son muy importantes para entender las funciones del moco en la migración espermática, como hemos visto anteriormente, dado que el tamaño de la cabeza del espermatozoide es de 5µm..

 

La  variabilidad en la arquitectura molecular de las mucinas, es la responsable de las distintas agregaciones de los iones Na+ y Cl-, en el moco desecado, que dan lugar a los distintos patrones de cristalización. Es muy importante la idea de que los cristales que “vemos” en el microscopio óptico, no son más que el “reflejo” de una disposición molecular, que subyace debajo.

 

Lo que se observa en las imágenes de moco desecado al aire, son cristales, principalmente de ClNa. Los distintos patrones de cristalización correspondientes a los diversos tipos de moco cervical son debidos a complicadas interacciones moleculares entre la mucina (y otro material orgánico), y los iones de Cl- y Na+. La fase acuosa contiene, además, otros componentes solubles como trazas de metales,  proteínas séricas, enzimas e inmunoglobulinas de  origen local.

 

A mitad del ciclo, disminuye la concentración de componentes solubles, debido a un aumento en la cantidad de agua (Daunter, 1984). Así mismo, la concentración de azúcares, como la de proteínas, sufre una disminución en la fase ovulatoria.

 

Durante varios años, el objeto de nuestra investigación ha sido encontrar un parámetro preovulatorio, bioquímico, que nos pueda indicar la ovulación, con suficiente antelación, y así acotar cada vez con mayor exactitud, la ventana de fertilidad combinada, teniendo en cuenta para ello la supervivencia espermática.

 

En Mayo del año 2000, me encontraba en Suecia trabajando con el Prof. Odeblad, cuando él sugirió que la respuesta a esta pregunta debía estar, necesariamente en nnuestro sistema inmunitario, el mismo que nos salva de una muerte cierta por infección. De hecho, cualquier recién nacido con un sistema inmunológico deficiente, morirá pronto a menos que se tomen medidas para aislarlo de un ejército de agentes infecciosos (Alberts y cols, 1989).

 

La inmunología nació a partir de la observación habitual de que la gente que se recupera de ciertas infecciones son “inmunes” a la enfermedad a partir de ese momento. Muchas de las respuestas del sistema inmunitario inician la destrucción y eliminación de los organismos invasores y de las moléculas tóxicas que producen. Por lo tanto, lo propio del mismo es reaccionar frente a moléculas extrañas al organismo huésped y no frente a moléculas propias. Esta capacidad de distinguir entre moléculas extrañas y moléculas propias es otro rasgo fundamental del sistema inmunitario.

En el año 2003 tuve la suerte de ser invitada a dar varias conferencias en el Congreso de Planificación Familiar y SIDA, organizado en Johannesburgo por FERMASA, una organización sudafricana dedicada a la salud reproductiva de la mujer.

 

Durante aquellos tres días de discusiones científicas sobre temas tan diversos como la mujer, la familia, la planificación familiar, el sida, el moco

cervical o la educación sexual de los jóvenes, confirmé una idea que se había ido formando en mi trabajo con Odeblad de los últimos años.

 

Existen en África, mujeres con diagnóstico VIH positivo desde hace doce o más años, que no han tenido acceso a los antirretrovirales, y que sin embargo, no han desarrollado la enfermedad (Fermasa, 2003). Cuando se estudió su sistema inmunitario, se encontró una cantidad sorprendentemente alta de lisozima o muramidasa en lágrima, que es un agente que pertenece a la inmunidad general del cuerpo.

 

De mi viaje a África me traje grandes amigos, paisajes de la sabana, sabores sorprendentemente mediterráneos, y varias ideas científicas para continuar trabajando. Una de ellas fue el convencimiento  de que la lisozima,  en altísima concentración en las mujeres que no habían desarrollado la enfermedad, y presente en el moco cervical  como defensora frente a infecciones del tracto genital, era uno de los parámetros bioquímicos que estábamos buscando.

En los años 60 se empezaron a describir las propiedades antibacterianas del moco cervical (Rozansky, 1962).

 

La lisozima o muramidasa se encuentra entre las proteinas solubles disueltas en la fase líquida del moco cervical, junto a otras enzimas como la alfa-amilasa, DNasa, fosfatasa ácida y fosfatasa alcalina (Schill and Schumacher, 1972).

 

La actividad específica de estas enzimas, expresada en u/mg de moco cervical, muestra un descenso a mitad del ciclo, que coincide con el incremento de producción del mismo y aumento del contenido de agua (Tsibris, 1982).

 

La mayoría de las enzimas descritas en moco cervical, muestran un patrón cíclico (Kamran S. Moghissi, 1986), que implica un descenso de 3 a 5 días previos a la ovulación.

 

La muramidasa o lisozima, en concreto, ha sido estudiada por Schumacher, y muestra un descenso preovulatorio seguido de un ascenso postovulatorio.

 

Diversos estudios sobre fostatasa alcalina, amino peptidasa, esterasa, lactato deshidrogenasa y guaiacol peroxidasa han demostrado que la concentración de todos estos enzimas es alta durante la fase folicular, y decrece precipitadamente tres o cuatro días antes del pico de la LH.

 

El nivel más bajo de enzimas se alcanza normalmente el día de la subida de la LH. Al día siguiente, hay un significativo y brusco aumento en

la concentración de éstas, que se mantiene durante la fase lútea.

Posteriormente, diversos autores han corroborado el efecto antimicrobiano del moco cervical, con especial atención a la lisozima (Waltraud Eggert-Kruse, 2000).

 

¿Nunca se han preguntado por qué el sistema inmunitario no reacciona destruyendo los espermatozoides, siendo, como son éstos, extraños al organismo femenino?

 

Odeblad ha descrito en sus estudios sobre el moco cervical, que el mayor contenido de inmunoglobulinas y defensas, en general, contra las infecciones, se encuentra en el moco G. Este tipo de moco está presente en un porcentaje casi absoluto en las fases de infertilidad del ciclo.

 

La lisozima humana es una proteína básica, con una cadena polipeptídica de 130 aminoácidos, estructurados con cuatro enlaces disulfuro, con un Pm de 15000, y que actúa por hidrólisis de enlaces glucosídicos.

 

Su mecanismo de acción, que es parte del sistema no-específico de defensa antimicrobiana en distintos fluidos del cuerpo, consiste en bacteriolisis por ataque del ácido murámico, que se encuentra en las paredes celulares de las bacterias.

 

El carácter básico de la lisozima y las fuertes interacciones que genera, hacen que su determinación no sea sencilla, en especial en matrices biológicas complejas, como el moco cervical, y de las que se dispone de cantidades de muestra muy pequeñas.

 

Una herramienta especialmente dotada para ello es la electroforesis capilar, que trabaja con volúmenes de muestra del orden de los nanolitros. Esta herramienta ha demostrado su capacidad de separación e identificación para la lisozima de clara de huevo. Por lo tanto, es una candidata idónea para ampliar el trabajo estudiando la variación de las concentraciones encontradas en moco cervical como posible indicador de fertilidad.

 

Hasta la fecha, los estudios realizados, muestran que los cambios producidos en el moco cervical, a nivel bioquímico, existen y son susceptibles de ser medidos. Nuestro trabajo,  tratará de encontrar, en el futuro, una aplicación clínica que haga posible medir, con mayor exactitud, la ventana de fertilidad combinada.

 

5. La Planificación Familiar Natural.

 

En 1972 J. y E. Billings y J. Brown describen los primeros fundamentos científicos del método Billings en El Lancet, tras 20 años de estudio observando la relación entre el moco cervical y la fertilidad de la mujer. En 1977 el Prof. Erik Odeblad, catedrático de biofísica de la Universidad de Umea (Suecia), comienza su colaboración con los doctores Billings, al conocerse casualmente en Australia, en un Congreso al que el Prof. Odeblad había sido invitado. He escuchado por parte de todos los protagonistas el relato de aquel encuentro en Melbourne, y el asombro correspondiente al comprobar que las investigaciones durante 25 años, en sitios tan alejados como Umea, en Suecia, y Melbourne, en Australia, tuvieran una coincidencia tan asombrosa. 

 

Esta colaboración resultó fundamental, al aportar, los estudios detallados del moco cervical, las bases científicas del  Método de la Ovulación de Billings. La  estructura y función del moco cervical quedaron, así mismo relacionados con los patrones de fertilidad e infertilidad que las mujeres podían observar.

 

En 1978 la OMS  publica el Protocolo de Educación para la Fertilidad Familiar en el que se describe la metodología de enseñanza de la Planificación Familiar Natural.  Esta, junto a la  personal dedicación de los Drs. Billings a difundirlo en todo el mundo ha hecho que sus beneficios hayan llegado a millones de mujeres.  Para utilizarlo después del aprendizaje, no se necesita ninguna ayuda tecnológica ni médica, ya que sólo tienen que observar la evolución cíclica de su patrón mucoso.

 

De las diversas reuniones científicas que he mantenido fuera de España para hablar de nuestra investigación, una de las más interesantes fue la que tuve la oportunidad de realizar en China, con el Director del Departamento de Planificación Familiar del área metropolitana de Shangai, en el verano de 2004.

Este médico, que me recibió en su despacho con gran atención y respeto, me contó, cómo los Billings, desde Australia, habían contactado con el gobierno chino, diez años atrás, para explicarles su trabajo. Y el gobierno había decidido apoyarlo, ya que había familias que demandaban este tipo de planificación familiar,  teniendo en cuenta que actualmente,  China mantiene en sus leyes civiles la política del hijo único. Estuvimos hablando durante casi una hora, se interesó mucho por la publicación de nuestra investigación en  Human Reproduction,  y observé un reconocimiento y un respeto hacia nuestro trabajo que me hubiese gustado mucho encontrar en algunos países europeos, incluido el nuestro. En este momento, en China existen 48.000 profesores de Planificación Familiar Natural, y un número de familias, aproximado, de 3.000.000 usuarios de estos métodos, con una eficacia de más de un 90%.

 

 

Método sintotérmico

 

En la actualidad, junto al patrón mucoso, se utiliza la temperatura basal, en el método llamado “doble check” por tener en cuenta dos parámetros, o método sintotérmico.

 

Desde 1951, J. Rötzer y Bréault prestan atención al moco cervical, temperatura basal y otros síntomas, estructurando así el Método Sintotérmico al que más adelante añadirán la autopalpación cervical (E.F. Keefe). Más recientemente, estudios ecográficos de G. Freundl  y A.M. Flynn han corroborado la precisión del gráfico sintotérmico para indicar la ovulación. Su mayor complejidad, al utilizar varios parámetros, resulta satisfactoria para muchas parejas que buscan una mayor eficacia, al tener en cuenta varios síntomas. La eficacia de dicho método oscila entre un 98,6% y un 99,6%.(Rutllant y otros, 2001).

 

En los últimos años, también los problemas de fertilidad han sido objeto de nuestro estudio, y por lo tanto, un interesantísimo campo se nos abre para futuras investigaciones. Ejemplo de esto es el trabajo presentado por Dña. Isabel Valdés en el Congreso sobre Planificación Familiar Natural y Salud Reproductiva celebrado en la Universidad del País Vasco, en Noviembre de 2006. El estudio se  realizó en el Hospital de La Paz, de Madrid (Isabel Valdes y cols.), y arrojó unos resultados sorprendentes incluso para nosotros.

 

Se trataba de abrir una consulta de fertilidad natural, para aquellas parejas que querían tener un hijo y encontraban dificultades, o para aquellas que deseaban evitar un embarazo en ese momento. Nuestra consulta recibía a las pacientes antes de que entraran en el protocolo de reproducción asistida, con el coste físico, económico y emocional que ello supone para el sistema público de salud, y sobre todo, para la mujer.

 

Un año después, los datos arrojaron un sorprendente resultado: con papel, lápiz, un termómetro, las observaciones de la mujer y nuestras indicaciones, habíamos conseguido una tasa de embarazos del 31,88%; de 69 casos que habían venido a consulta, se habían conseguido 22 embarazos.

 

Cuando comentamos estos resultados con los responsables de la reproducción asistida en distintos centros de España, coinciden con nosotros en que antes de someter a la mujer, y a su marido, a tantas pruebas que la agotan física y emocionalmente, y que son tan caras para la sanidad pública, valdría la pena intentar un diagnóstico de fertilidad e infertilidad; enseñarles el moco y la temperatura, y ver así, como hemos hecho en el citado trabajo, cuantos embarazos se consiguen antes de empezar con pruebas más invasivas. También coinciden en las dificultades, ya que no tienen personal formado en este tema, y muchos aún desconocen los avances técnicos en el diagnóstico y reconocimiento de las fases fértiles e infértiles del ciclo.

 

Las aplicaciones prácticas de la investigación en el cérvix están directamente relacionadas con el método Billings, y existe un continuo trasvase de ideas entre los investigadores y el trabajo en la práctica clínica.

 

Las desviaciones sobre las curvas cíclicas normales de los diversos tipos de moco; los estudios de biología celular y la enseñanza al mayor número de investigadores posible de la toma de muestra de moco, son posibles campos de investigación en el futuro.

 

En este momento, el Prof. Odeblad y sus colaboradores estamos llevando a cabo una investigación basada en las células secretoras de los distintos tipos de moco, siendo de gran interés observar en el microscopio células en pleno proceso de secreción.

 

Finalmente, nos gustaría puntualizar que el cérvix es un órgano de gran complejidad biológica y funciones muy precisas, sensible a factores externos como los efectos que producen en él los tratamientos hormonales, realizados muchas veces sin el adecuado control médico, y las infecciones.

El mantenimiento de la salud reproductiva en la mujer, debe también considerar estas cuestiones; las mujeres tienen derecho un cérvix sano, como parte de su salud reproductiva; y nuestra investigación pretende, en la medida de lo posible, ayudarles a conseguirlo.

 

6. La planificación familiar natural y la transmisión de la vida.

 

Hay un principio básico en Medicina que jamás deberíamos olvidar: si a través de medios naturales se consigue el fin primordial de la Medicina, que es la conservación de la salud, éstos no deben ser sustituidos por otros.

 

Naturaleza es la esencia y propiedad característica de cada ser. La naturaleza es aquello íntimo que hace que las cosas obren conforme a lo que son (es natural que un pájaro vuele o que un árbol frutal de fruto). De la misma manera, es propio de la naturaleza humana del hombre y de la mujer fecundos, reconocer y valorar su fertilidad individual y combinada.

 

Tener un hijo es, la más palpable de las ilusiones compartidas de dos personas que, porque se aman, y en un mismo acto libre, son capaces de comunicar amor, dar placer y dar vida (Rutllant y otros).

 

La belleza de la transmisión de la vida se ve aumentada cuando, varón y mujer son plenamente conscientes de su fertilidad, y de acuerdo con las leyes naturales, escogen tener un hijo o no, en función de lo que, en el ejercicio de su libertad, decidan conveniente, en cada momento para su proyecto de familia. En unas bellas palabras de Patrick Meagher, podemos decir que “los niños hacen del mundo un lugar mejor, porque obligan a sus padres a madurar al hacerles pensar en las necesidades de los demás” (Mercator Net.com, 2007).

 

El reconocimiento de la fertilidad se realiza con sistemas diagnósticos de la ovulación que mejoran el autoconocimiento y la comprensión de los propios ritmos biológicos. Los investigadores que yo he conocido y tratado en este campo, han destacado por buscar y encontrar la verdad científica devolviéndole a la persona humana toda su dignidad de interlocutor de la naturaleza y de los hombres, en la diversidad de sus circunstancias y culturas. Esa búsqueda de la verdad no es sólo propia del entendimiento, sino también de ese otro órgano de la sabiduría humana que es el corazón; entre ambos, brota la visión de las cosas, desde esa sabiduría que admiramos en los hombres y mujeres más ilustres de la historia, y que forman un conjunto de testigos y un patrimonio de verdad y de vida que se puede incluso considerar patrimonio común de la humanidad. Con razón se considera que una persona ha alcanzado la edad adulta cuando puede discernir, con los propios medios, entre lo que es verdadero y lo que es falso, formándose un juicio propio sobre la realidad objetiva de las cosas. Este es el motivo de tantas investigaciones, como la que hoy nos ocupa, que han llevado en los últimos siglos a resultados tan significativos, favoreciendo un auténtico progreso de toda la humanidad.

 

 

 

 

7. La fertilidad humana como enseñanza universitaria.

 

Ente los  objetivos de las personas que fundamos  RENAFER había dos ideas fundamentales:  la primera, enseñar, con la Planificación Familiar Natural un estilo de vida adecuado a los matrimonios del s. XXI, recuperando en cierto sentido la ecología sexual, el respeto a la naturaleza y a la dignidad de la persona. Esto ha dado lugar a que muchas parejas, algunos de ellos profesores de PFN, otros sólo usuarios, tengan una experiencia de conocimiento de su fertilidad y su sexualidad que ha contribuido a que su vida familiar sea altamente gratificante. No en vano, entre los usuarios de PFN, apenas se dan rupturas familiares. El segundo de estos objetivos era que, éstos conocimientos, que considerábamos fundamentales para cualquier mujer del mundo en edad fértil y sus parejas, fueran materia de docencia e investigación en la universidad. España, en este campo, podemos decir que es pionera, y líder, ya que existe, como asignatura de libre configuración, como seminario o como parte de la carrera de Medicina,  en catorce universidades españolas. Bien es cierto que en Italia, se han implicado en este proyecto varias universidades, o que la Kaunas University de Lituania, o la Universidad de Umea en Suecia, trabajan desde hace tiempo en este campo. En Alemania, el equipo del Prof. Freuld, de la universidad de Dusseldorf, tiene un gran prestigio y numerosas publicaciones. Sin embargo, son países donde aún son escasas las universidades implicadas en estos proyectos. Nuestra experiencia en la universidad nos ha confirmado que este es un magnífico foro donde consagrarnos a la investigación, la enseñanza y la formación de los estudiantes, libremente reunidos con sus maestros animados todos por el mismo amor del saber. Se hace aquí realidad el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicarla, en este campo tan hermoso y que tanta admiración y asombro despierta entre los alumnos. “El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse, más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados”. A. Einstein.

 

El curso pasado una de mis alumnas me pidió realizar su trabajo fin de carrera sobre “La importancia del conocimiento de la fertilidad en la práctica de la psicología clínica”. Cuando le pregunte sobre los motivos para realizar dicha investigación me dijo que en clase, había descubierto la fertilidad humana como don de la naturaleza y medio de transmisión de la vida y que eso había despertado en ella una gran admiración.

 

El esfuerzo del profesor universitario necesita humildad, deseo de constante superación, honradez intelectual y deseo sincero de apertura al otro, como lugar donde se manifiesta la verdad, esa verdad que no es fruto del consenso, sino de la adecuación del intelecto a la realidad. Sólo así, buscaremos de buen grado todo aquello que es bueno, bello y verdadero. Y lo buscaremos de forma paciente, conquistando poco a poco la verdad, fragmentada en las verdades parciales del conocimiento científico.

 

 

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